2/11/14

Serie Jugando Con Fuego - Megan Hart

Dentro y fuera de la cama #1

Mi nombre es Elle Kavanagh, y lo conocí en una confitería. Él se volvió y me sonrió, y yo me sorprendí tanto que le devolví la sonrisa. No era una tienda para niños, sino la clase de establecimiento donde una va a comprar trufas caras de importación para la mujer del jefe porque se siente culpable después de haberse dado un revolcón con él durante una conferencia en Milwaukee... hipotéticamente hablando, claro.
Han flirteado conmigo un montón de veces, sobre todo tipos carentes de sutileza que creían que lo que tenían entre las piernas compensaba lo que les faltaba entre las orejas. A pesar de todo, a veces me iba a casa con alguno de ellos, porque me gustaba desear y ser deseada, aunque en gran parte fuera una mentira.
El problema con el deseo radica en que es como verter agua en un vaso lleno de piedras. Se llena enseguida, y no queda espacio para nada más. No voy a disculparme por ser quien soy, ni por lo que he hecho. Tengo mi trabajo, mi casa y mi vida, y durante mucho tiempo no he necesitado nada más...
Hasta que conocí a Daniel “Dan” Stewart. Hasta ahora.

Motivo Suficiente #2

Elle y Dan todavía no han logrado su objetivo de tener relaciones sexuales en todas las habitaciones de su nueva casa, ¡pero casi!
El matrimonio no ha reducido su hambre uno del otro en lo más mínimo, y su relación es tan caliente y apasionada como siempre. Pero cuando Dan trae a colación el tema de tener un bebé juntos, Elle se encuentra en conflicto consigo misma.
Entre sus antecedentes familiares disfuncionales y su temor de cómo un bebé puede cambiar su vida en común, Elle no está segura de que esté lista para dar el gran paso. Dan no sacará el tema otra vez, pero el problema se arraiga en la mente de Elle.
Y como entre ellos es frecuente que arda el amor con un deseo insaciable, el corazón de Elle está lleno hasta el borde con el amor y el deseo de dar a Dan todo lo que él anhela.

Lo quiero

La amante Imaginaria #3

Este mes, me llamo Mary
Cada mes tengo un nombre distinto... Brandy, Honey, Amy... a veces, Joe ni siquiera se molesta en preguntar, pero siempre consigue excitarme con su cuerpo, con su boca y sus caricias. No importa cómo me llamo ni dónde me ha conocido, el sexo siempre es increíble y no dejo de desearlo durante las largas semanas que pasan hasta que vuelvo a verlo.
Mi nombre real es Sadie, y una vez al mes, a la hora de la comida, Joe me lo cuenta todo sobre su último ligue; sin embargo, él no sabe que en mi mente yo soy la protagonista de todas las aventuras de una noche que va revelándome, y que estoy prácticamente obsesionada con nuestra imaginaria vida sexual. Sé que está mal y que mi marido no lo entendería, pero no puedo renunciar a nuestros encuentros aún... no, aún no.
 Lo quiero

Tentada #4

Soy Anne, tengo todo lo que una mujer podría desear. Mi marido, James Kinney. La casa en el lago. Mi vida. Nuestra vida perfecta. Y de repente Alex Kennedy vino a hacernos una visita…
La primera vez que vi al mejor amigo de mi marido, me desagradó. No me gustó cómo James cambiaba cuando él estaba cerca, no me gustaba cómo sus penetrantes ojos me seguían a donde quiera que fuera. Pero eso no me impidió desearlo. Y, sorprendentemente, a James parecía no importarle. Se suponía que debía ser divertido. Algo que los tres compartiríamos en esas ardientes semanas de verano que Alex estuviera con nosotros.
Se suponía que el amor no entraba dentro del juego. Yo no necesitaba a otro hombre, ni siquiera uno que exudaba sexo como miel y conocía todos los secretos que yo no sabía, los secretos que mi marido no había compartido. Después de todo, teníamos una vida perfecta. Y amaba a mi marido. Pero no era la única.
 Lo quiero

Extraños en la Cama #5

Pago para tener sexo… tengo mis razones.
Soy Grace Frawley, y viéndome al frente de una empresa de pompas fúnebres, nadie podría sospechar que me gasto el dinero en gigolós y sexo sin compromisos. Pero así es. Las personas que me visitan a diario en la funeraria me recuerdan que toda relación de pareja está condenada a acabarse, y la mejor manera de protegerme contra ese dolor es pagar para saciar mis apetitos sexuales sin que mis sentimientos corran peligro.
Por desgracia, con Sam Stewart cometí un error que puede costarme muy caro. Lo confundí con el gigoló al que había pagado para que me sedujera en un bar y me llevara a la cama, y ahora no sé si quiero volver a mis aventuras de pago. Lo único que espero es que Sam no descubra esa parte inconfesable de mi vida…  
Lo quiero  

No hay comentarios:

Publicar un comentario